Skip to main content

bigstock Costa Rica grunge flag Vintag 68359837 780x468 1

Por Jose Mallea
28 de mayo de 2026

El hemisferio occidental está entrando en un momento definitorio.

En la Conferencia de Seguridad Hemisférica 2026 de la Universidad Internacional de Florida (FIU), un panel con un expresidente de Costa Rica examinó cómo los cambios en las administraciones impulsan cambios geopolíticos en las Américas.

La conclusión central fue clara. Las elecciones no solo cambian gobiernos, sino que mueven fronteras, mercados y alianzas. Cada transición de poder en el hemisferio occidental reverbera mucho más allá del país que celebra la votación.

La conferencia de la FIU reúne a líderes del gobierno, las fuerzas armadas, los negocios y el mundo académico para enfrentar los desafíos más difíciles de la región, desde el crimen organizado y la impunidad hasta la competencia estratégica y la migración. En el centro de estos problemas está la política: quién gobierna, cómo gobierna y si las instituciones son lo suficientemente fuertes para gestionar el cambio sin crisis.

Un patrón es cada vez más visible en todo el hemisferio: la región ya no se enfrenta a choques ocasionales y aislados. En cambio, vive en un estado casi constante de perturbación política y geopolítica. Cada cambio de administración, ya sea en Washington, Ciudad de México, Brasilia o San José, obliga a vecinos, inversores y adversarios a recalibrar.

La dimensión de seguridad de esta perturbación es particularmente cruda. El panorama actual se define por un crimen organizado altamente adaptable, puntos críticos cambiantes e instituciones estatales que luchan por mantener el ritmo. Las estrategias efectivas requieren tres capas que se refuercen mutuamente: esfuerzos de prevención dirigidos a jóvenes en riesgo; instituciones judiciales y policiales profesionales e independientes; y enfoques basados en información que integren la inteligencia financiera en la toma de decisiones diaria.

El eslabón más débil en muchas democracias es el estado de derecho. Sin un ecosistema en el que la policía, los fiscales, los jueces y las unidades de inteligencia financiera puedan operar de forma independiente y compartir información, los avances en seguridad siguen siendo frágiles.

La geopolítica en las Américas también está cada vez más moldeada por opciones políticas nacionales. Las primeras decisiones de una nueva administración sobre el reconocimiento de regímenes, la renegociación de acuerdos comerciales, la reorientación de la cooperación en seguridad o la redefinición de la política migratoria envían señales que los aliados, rivales y mercados interpretan de inmediato.

Los actores políticos, las empresas y la sociedad civil no pueden permitirse el lujo de tratar cada elección como un evento aislado o asumir que una agenda política preferida sobrevivirá a la próxima transición.

Todo gobierno disfruta de una ventana finita en la que el poder ejecutivo y el legislativo están ampliamente alineados. Si no se utiliza esa ventana para integrar prioridades estratégicas claras, marcos legales y puntos de referencia realistas, se puede perder la oportunidad de lograr un progreso duradero. Es por eso que los actores de toda la región argumentan cada vez más a favor de pensar en términos de horizontes estratégicos: definir lo que debe avanzarse en 12, 24 o 48 meses, construir apoyo intersectorial y consolidar la mayor continuidad institucional posible mientras la ventana permanezca abierta.

La trayectoria reciente de Costa Rica ilustra el potencial de progreso y el costo de la complacencia. Una administración anterior redujo las tasas de homicidio manteniendo las normas democráticas, apoyada por reformas a nivel comunitario, mejor capacitación e instituciones más fuertes. Cuando los gobiernos posteriores trataron la seguridad como un problema resuelto y relajaron sus esfuerzos, la violencia resurgió. El crimen organizado llenó el vacío. La lección: combatir el crimen es un esfuerzo continuo y el pensamiento a corto plazo puede borrar años de avances logrados con tanto esfuerzo.

La política de seguridad y la economía también son inseparables. Las oportunidades comerciales, la cooperación para el desarrollo y los mercados abiertos contribuyeron al crecimiento de Costa Rica y ayudaron a reducir los incentivos para la violencia y la migración. Tratar la integración económica y el crecimiento de la libre empresa como fuerzas estabilizadoras, en lugar de agendas tecnocráticas separadas, es un camino más sostenible que utilizar los aranceles como armas o depender de medidas punitivas. Cuando las administraciones oscilan entre el compromiso y el castigo económico, generan una incertidumbre que socava la inversión y la seguridad.

En última instancia, la geopolítica en las Américas no es un tablero de ajedrez abstracto. Es la experiencia vivida de ciudadanos que buscan seguridad, oportunidades y dignidad. Toda administración recibe una ventana limitada para impulsar cambios significativos. Utilizar esa ventana para construir reformas consistentes y basadas en datos que alineen las agendas de seguridad, económicas e institucionales (y que puedan sobrevivir a los vaivenes partidistas) determinará si la región avanza hacia la estabilidad o hacia una fragmentación más profunda.

En un hemisferio tan dinámico y disputado como las Américas, dejar que esa ventana se cierre sin utilizarla es un riesgo que nadie puede permitirse.


*Jose Mallea es socio gerente de Forward Global Miami y ex miembro del personal de la Casa Blanca y del Departamento de Estado durante la administración de George W. Bush.

Leave a Reply